jueves, 25 de noviembre de 2010

A aquel hombre elegante amigo del Señor Don Gato

¿Tu opinión? 
«Estaba el Señor Don Gato sentadito en su tejado, maramamiau miau miau…» Vuelves la vista atrás y en la introspección te ves aupado en la rodilla de alguien que te canta una canción, es un señor jovial. «¡Vuelve a cantarla!», pides enérgicamente. Él no se cansa y de nuevo canta esa canción que parece fascinarte, mientras, él marca el ritmo con su pierna. Se va haciendo tarde y la hora de dormir se acerca, aunque tú no paras de reír mientras imaginas al señor Don Gato cayendo de su tejado.

Rebobinas tu mente. Ahora te ves en una vieja foto. Él te acompaña con una elegante chaqueta, tú vestido de tuno, ¿quién te mandaría vestirte así? Es la guardería y parece que estás a punto de intentar enamorar a cualquier joven mientras le das los clavelitos de tu corazón… analizando la situación te preguntas: ¿cuántas veces cruzaste aquel zaguán agarrado de su mano?, incontables. Innumerables las ocasiones en las que también te llevó al colegio, en las que te recogió, en las que…

¿Dónde vamos ahora? Parece que es una Navidad cualquiera, me atrevería a decir que Nochevieja. Cóctel de marisco, ensaladilla, ¡si hay palitos de cangrejo!, no se le escapa una. Pero oye, ¿y las uvas? Sabes que a mí no… y antes de que termine la frase te da los Conguitos para que tú cojas tus particulares “uvas de la suerte”.

Otro viaje. Ahora es Domingo de Ramos. Probablemente no he heredado la vena cofrade por ahí, pero religiosamente voy a buscar la túnica y la capa blanca inmaculada, aunque quizá ella no entienda lo que supone esa túnica realmente, ella la ha planchado con el mayor cariño del mundo. Y tú, me lo haces saber: «Anda, que la abuela te la ha dejado sin ninguna arruga, ¡y vaya la que me ha dado con que me probara la capa porque tú no podías venir!»

Los pensamientos son más turbios ahora, aunque realmente uno se acuerde de cómo ocurrió todo a la perfección. El silbido ya no suena desde el balcón desde hace algunos años. Ese «¡Chiqui!», de tu voz no volvió a sonar más desde entonces. Y por aquí todo sigue igual. Y se que volveremos a vernos, pero aún no, pero aún no...

«Y al olor de las sardinas, el gato ha resucitado maramamiau miau miau…»

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