jueves, 5 de julio de 2007

Roma: la Ciudad Eterna III

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Viaje a la Ciudad Eterna: III Día
Sin duda el día en el que más calor pasamos, y por tanto el más duro para nosotros, que a las 4 de la tarde estábamos dando vueltas por Roma, no podíamos perder el tiempo, salvo para el almuerzo y un breve descanso.
Comenzamos el día frente al gran Coliseo, el cual nos lo encontramos justo al salir de la boca del Metro, pero no nos paramos, directos a San Pietro in Vincoli para ver otra magistral escultura de Miguel Ángel, su Moisés.
En esta magnífica escultura el autor puso en práctica la llamada terribilitá, se trata de Moisés, justo después de haber recibido las Tablas de la Ley, con una expresión seria y llena de ira. En un principio esta escultura era una de las partes de la tumba del Papa Julio II, pero el proyecto no fue culminado.

Y después otra vez a disfrutar frente al gran Coliseo, al gran coloso, al Anfiteatro Flavio, donde tantos esclavos divirtieron a los romanos de la época con su muerte y sufrimiento. Destacar en su fachada la superposición de los órdenes clásicos (dórico, jónico y corintio) en sus tres primeros pisos, y de un cuarto orden en el cuarto piso mezcla de los tres ya mencionados.
Quizás, cuando más impresionante y bello sea este coloso será de noche, totalmente iluminado, pero esto es algo que tendré que ver en la próxima visita que realice (y la haré, que para eso tiré la moneda en la Fontana de Trevi), tengo la sensación de que esta es una ciudad muy distinta de día y de noche, especialmente en monumentos como este.

Curioso el detalle de hombres vestidos de romanos de la época, que por 2€ se dejaban hacer una foto contigo. Eso es aprovecharse de los turistas con ganas de fotografiarse con un romano de verdad.
A continuación tocaba pasear por las ruinas del Foro Romano, lugar donde se encuentran restos de templos, calles, etc. Quizás el lugar donde mejor te puedes trasladar en el tiempo, y pensar que sobre esas mismas calles y pavimentos, hace cientos de años, había una sociedad que no llegaba a ser tan distinta a la nuestra, y a la que le debemos tanto.

En primer lugar nos encontramos el Arco de Constantino, uno de los Arcos del Triunfo de los tres que nos vamos a encontrar en todo el trayecto desde el Coliseo hasta la Piazza del Campidoglio, estos no son más que arcos conmemorativos.


Este es uno de los relieves del Arco de Tito, arco en el cual se conmemora uno de los triunfos de las tropas romanas sobre los judíos. En su intradós podemos ver un relieve alusivo al saqueo de Jerusalén por parte de los soldados romanos, los cuales portan el candelabro de los siete brazos.


Vistas del Foro Romano con el Tabulario al fondo, edificio destinado a archivo. En primer término se ven el Arco de Septimio Severo a la derecha y el Templo de Saturno a la izquierda.

Este es el Arco de de Septimio Severo, el cual conmemora las victorias del emperador Septimio Severo sobre los árabes y los partos.

Después de cruzar todo el Foro Romano llegamos a la Piazza del Campidoglio, donde encontramos una copia en bronce de la estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio, encontrándose el original en el interior del Museo Capitolino. Es esta la única escultura en bronce de un emperador romano pre-cristiano, al ser confundido con Constantino I el Grande, quien cristianizó Roma, y de esta manera esta escultura no fue fundida como todas las demás para realizar imágenes para las iglesias cristianas.
También cabe destacar que esta ha sido la estatua ecuestre que ha servido como base e inspiración para realizar todas las demás esculturas que representaban a emperadores, reyes o militares de esta manera.
Después de ver la Columna Trajana (de la cual no tengo fotos), llegamos a la Plaza de la Rotonda, donde se encuentra el Panteón de Agripa o, como también es conocido, el Pateón Romano. Se trata este templo de un templo con planta circular, con un pórtico clásico. La cúpula es una cúpula acasetonada con casetones ordenados de mayor a menor tamaño según se va cerrando la cúpula, dejando el espacio central un círculo sin cubrir, por el cual entran los rayos de sol.

Después de reponer fuerzas comiendo en una famosa hamburguesería (si, nos vamos a Roma para seguir comiendo lo mismo que aquí), y un descanso bajo el techo del pórtico del Panteón, partimos en tranvía para visitar la Iglesia de Santa María en Trastevere. Iglesia esta que destaca por su decoración típica bizantina (decoración musivaria, que consiste en decorar con mosaicos en las paredes, y no en el suelo, para los que los romanos usaban los mosaicos) .

Ya en su fachada encontramos algunos mosáicos, pero es su interior el que nos recuerda a Iglesias como la de Rávena o Santa Sofía, construidas durante el Imperio Bizantino.

De esta Iglesia me llevo el recuerdo de la historia que un señor inglés nos contó a los que nos sentamos en las primeras bancas de la Iglesia. Nos dijo algo así como que el mosaico que más le gustaba era el de la Ascención de la Virgen María a los Cielos después de su muerte, y que nos acordásemo de él y de ese mosaico cuando alguno de nosotros perdiésemos a nuestra madre.

En esta misma Iglesia se encuentra una imagen de San Antonio, el cual se encuentra cubierto de peticiones, ruegos y promesas que la gente escribe en papeles y se los lanza para que se cumplan. Son muchos son los que vuelven a agradecerselo cuando se cumplen sus ruegos.

Y por último, y para acabar la agotadora jornada visitamos la Iglesia de Santa María in Cosmedin, en cuyo porche se encuentra la llamada "Boca de la Verdad", de la cual se dice que cortará la mano a aquellos mentirosos que en ella introduzcan su mano.

El interior tiene las características de planta románica, con el techo de la nave central más alto que los de las naves laterales, aprovechando este desnivel para colocar ventanas. El techo de la nave central de esta iglesia está realizado en madera, mientras que el suelo está decorado con mosaicos.

Otro detalle curioso es el de la calavera de San Valentín, aquel monje que se dedicaba a casar parejas a espaldas de la Iglesia, y que hoy es el patrón de los enamorados.


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